Una avalancha de afecto, atención y gestos grandilocuentes al principio de una relación, usada para acelerar la intimidad y ganar control.
Parece el mejor comienzo de tu vida. Mensajes de buenos días antes de que abras los ojos, "nunca había sentido esto con nadie", un futuro entero planeado en la segunda semana. La pista no es el afecto en sí: es la velocidad y el volumen. Cuando alguien te inunda lo bastante rápido, nunca te llega ese momento de calma para preguntarte si algo de esto es de verdad. El agobio es el objetivo: no tener espacio para pensar es justo el espacio que buscan.
La otra pista es lo que viene después de que piques. El love bombing suele ir idealizar → devaluar → descartar: el calor era un depósito y, una vez enganchada, te lo retiran con intereses. Respondes a la intensidad y baja la temperatura; pones un límite y de pronto la del problema eres tú. Esa es la forma más limpia de detectarlo, porque el entusiasmo genuino del principio sobrevive a un "oye, vamos más despacio". El love bombing lo castiga.
Y no, que alguien esté muy loco por ti no es delito: no vayas diagnosticando de manipuladora a toda persona que te guste. Las mariposas no son un red flag. La línea es el control: si la intensidad está construyendo algo contigo, o construyendo poder sobre ti. Conviene saber además que esto no es solo cosa de citas: las sectas, los negocios piramidales y los curros tóxicos usan exactamente la misma jugada, que es justo donde nació el término.