Persona mayoritariamente heterosexual pero abierta ocasionalmente a atracción hacia el mismo género.
Toda la palabra se sostiene sobre ese "casi siempre". Heteroflexible es para quien marcaría "hetero" en cualquier formulario sin pestañear y, de vez en cuando, siente un tirón hacia el mismo género que no cabe en la casilla. Ni una fase de cara a la galería, ni un reto: una excepción pequeña y real dentro de un patrón por lo demás estable. Ritch Savin-Williams, el psicólogo que metió el "mostly straight" en el mapa académico, lo plantea como una identidad con entidad propia, no como una parada de camino a algo más gay.
¿Y eso no es ser bi? Técnicamente el paraguas lo cubre —atracción a más de un género—, pero heteroflexible lleva un peso de fábrica que "bisexual", a secas, no marca: el énfasis está en la inclinación, no en el equilibrio. Tampoco es bi-curious, que sugiere ganas de probar; el heteroflexible experimenta menos y, más bien, ya lo sabe sin ruido. Hay quien acusa a la etiqueta de alimentar el borrado bisexual: disfrutar de la atracción hacia el mismo género sin soltar el pie del terreno hetero. Y hay quien responde que cada cual nombra su propio clima. Las dos cosas pueden ser verdad a la vez.
La experiencia es más vieja que la palabra. Las encuestas no paran de encontrar gente que se define como heterosexual y a la vez declara atracción o contacto con el mismo género; una línea de investigación sitúa a las personas "predominantemente heterosexuales" como la porción más grande del pastel de las minorías sexuales. Lo nuevo no es el deseo: es tener por fin un término que admite el "casi" sin obligarte a que signifique "siempre".